martes, 17 de agosto de 2010

Que el miedo a perder, no te impida jugar.




-Ir avanzando por la fina arena que se cuela suavemente por tu dedos, tras de ti van tus huellas, que te despiden a la orilla de aquel lugar donde en unos minutos sera el lugar donde sonrías y des lo mejor de ti o simplemente sea el lugar donde caigas, todo depende de la suerte, cara o cruz. El agua esta fría, pero eso es lo que menos te importa en este momento, remas hasta alcanzar el final de la rompiente y avanzas hasta alcanzar las olas, la espuma, te cae por el traje de neopreno pero no la sientes porque el frío te ha paralizado tanto como para no sentir nada, para no sentir nada excepto el miedo a caer, esta rompiente cuyas rocas macizas cortan como cuchillos, es la más peligrosa del oeste del país pero eso no te impedirá demostrar lo mucho que vales, según tu. No te preocupes, es lo de siempre, arriesgando tu vida piensas demostrar por lo que has luchado todos estos años, yo también lo haría. NO, NO LO HARÍA, pero es decisión tuya, a si que tengo el deber de ayudarte, cogela! COGELA!



Bien, ahora cabalgas sobre la ola como jinete su caballo, flexiona las rodillas, mira al frente, que no te asuste, es solo agua. Pero todo lo arriesgado, sabes que pende de la suerte, echemoslo a suerte, ¿cara o cruz?, cara: consigues llegar al final, cruz: caes, es así de fácil, piensalo. Después de esto, ¿seguro que quieres hacerlo?

-Si.

Phatu.

Jonathan Trager, el destacado productor de la ESPM, murió anoche a causa de las complicaciones surgidas al perder a su alma gemela y a su prometida. Tenia 35 años, de voz suave y obsesivo, Trager nunca tuvo el aspecto de un romántico, pero, durante los últimos días de su vida, desveló una parte desconocida de su mente, esa persona oculta casi "junguiana" emergió durante la búsqueda en plan Aghata Christie de su ansiada alma gemela, una mujer con la que solo pasó unas pocas horas preciosas.
Tristemente, la prolongada investigación terminó la noche del sábado en un completo y absoluto fracaso.
Pero a pesar de la amarga derrota, el valiente Trager seguía aferrado a la creencia de que la vida no es meramente una serie de accidentes o coincidencias sin sentido. Sino, mas bien un tapiz de acontecimientos que culminan con un plan exquisito y sublime.
Cuando le preguntaron por la perdida de su amigo, Dean Kansky, ganador de un premio Pulitzer y director ejecutivo del NYT describió a Jonathan como un hombre nuevo los últimos días de su vida. Veía las cosas más claras, observó Kansky.
Al final, Jonathan concluyó que para poder vivir en armonía con el universo, todos nosotros debemos poseer una poderosa fe en lo que los antiguos llamaban "phatu" lo que, comúnmente calificamos como destino.